[2]. entornos.
Con aquel que buscaba el dulce y bonito azúcar glasé, continuaré buscando y viviendo los diferentes entornos que mueven mis tobillos mientras camino. ¿De que me serviría caminar solo por un camino sin pararme en la multitud de posadas que me voy encontrando? No serviría de nada. Encontraré posadas autoritarias, con ticket en la puerta, con orden de entrada, donde un señor grande, gris, con enormes bolsas bajo sus ojos tristes, con su traje brillante por el uso, con esa corbata ceñida al cuello y atada a su bonita camisa azul de rayas con una enorme aguja chapada en oro que cuidadosamente su “señora esposa” ha limpiado por la mañana, que al grito de ¡alto!, me obligará a enseñarle “el carné de los tristes”. Entonces entraré, en esa maldita posada y observaré todo. Observaré a todas las personas que entren en ella, y pediré el libro de visitas para leer quien ha entrado en ella. Y pediré el libro de reclamaciones, con el único propósito de leer aquellas razones por las que las personas que pasaron por allí no se encontraron lo suficientemente a gusto. Y lo encontraré vacío. Nadie escribió nunca nada en esas páginas. Nadie. Pero allí entraré por que quizá encuentre algún indicio de dónde carajo metí mi bonito bote de azúcar glasé.
Entraré también en las posadas del amor. Donde todo sea bonito. Donde estés tu, y él, y ella. Allí me encontraré bien, pero no entraré para descansar. Entraré a pintar cada una de sus habitaciones, ha hacer obras continuamente. Primero dejare el piso diáfano. El baño en esa esquina, la cocina en el centro, el dormitorio con el balcón que da hacia ese bonito río que correrá por debajo de nuestros pies para que la luna de julio se refleje, y nos de consejos de cómo cantar según qué canciones, y nos escuche cuando comenzamos nuestra historia, una y otra vez. Y a final de mes, volveremos a pintar las paredes, y no nos gustará, y pondremos papeles de colores. Y los días que no sean tan bonitos, abriremos una ventana nueva, para que nuestros corazones griten tranquilos desde nuestras gargantas y nos escuchemos directamente sin el eco de las paredes vacías.
Entraré también en alguna posada donde me impidan la entrada. Entraré desnudo y solo leeré el libro del “reservado derecho de admisión” para entender los porqués de ese impedimento. Seguiré, seguramente, sin entender nada, pero al menos saldré de ella vestido. Más rico, por que les habré robado parte de su saber, y yo seré más ignorante. Pero más feliz. Por haber entrado, por que me lo impidieran, por que me lo impidieron, por que tendré que correr a la salida, por que si. ¿Y por que no?
Y supongo que entraré en la casa de los sabios disidentes. Allí será donde más me ría. De donde más rico saldré. Me reiré continuamente de sus falsedades, debilidades, tristezas, sabidurías, complejos, juicios, prejuicios, bondades y maldades, tonterías, …. Tendrán la posada llena de mierda, y los colores de las habitaciones no serán colores. Las paredes serán de cristal, no podrán pintarlas nunca, y de una habitación no se verá la de al lado, y tendrán las paredes arañadas por que su sabiduría es la mas grande de las ignorancias y pensarán que en su posada es donde mejor se come. Pobres ilusos. No hay nadie más triste que el que lo sabe todo. Lo sepa o no. A este paso con tantos juicios preestablecidos me prohibirán la entrada en todas las posadas de todos los caminos. ¿Qué puedo hacer? Continuar entrando en posadas, donde me salgan a recibir, donde me salgan a perseguir, donde no me quieran ver, donde me amen, donde les sea indiferente, donde me sean indiferentes, continuaré probando y buscando posadas e indicios de me digan donde ostias metí mi bonito frasco de azúcar glasé.
Entraré también en las posadas del amor. Donde todo sea bonito. Donde estés tu, y él, y ella. Allí me encontraré bien, pero no entraré para descansar. Entraré a pintar cada una de sus habitaciones, ha hacer obras continuamente. Primero dejare el piso diáfano. El baño en esa esquina, la cocina en el centro, el dormitorio con el balcón que da hacia ese bonito río que correrá por debajo de nuestros pies para que la luna de julio se refleje, y nos de consejos de cómo cantar según qué canciones, y nos escuche cuando comenzamos nuestra historia, una y otra vez. Y a final de mes, volveremos a pintar las paredes, y no nos gustará, y pondremos papeles de colores. Y los días que no sean tan bonitos, abriremos una ventana nueva, para que nuestros corazones griten tranquilos desde nuestras gargantas y nos escuchemos directamente sin el eco de las paredes vacías.
Entraré también en alguna posada donde me impidan la entrada. Entraré desnudo y solo leeré el libro del “reservado derecho de admisión” para entender los porqués de ese impedimento. Seguiré, seguramente, sin entender nada, pero al menos saldré de ella vestido. Más rico, por que les habré robado parte de su saber, y yo seré más ignorante. Pero más feliz. Por haber entrado, por que me lo impidieran, por que me lo impidieron, por que tendré que correr a la salida, por que si. ¿Y por que no?
Y supongo que entraré en la casa de los sabios disidentes. Allí será donde más me ría. De donde más rico saldré. Me reiré continuamente de sus falsedades, debilidades, tristezas, sabidurías, complejos, juicios, prejuicios, bondades y maldades, tonterías, …. Tendrán la posada llena de mierda, y los colores de las habitaciones no serán colores. Las paredes serán de cristal, no podrán pintarlas nunca, y de una habitación no se verá la de al lado, y tendrán las paredes arañadas por que su sabiduría es la mas grande de las ignorancias y pensarán que en su posada es donde mejor se come. Pobres ilusos. No hay nadie más triste que el que lo sabe todo. Lo sepa o no. A este paso con tantos juicios preestablecidos me prohibirán la entrada en todas las posadas de todos los caminos. ¿Qué puedo hacer? Continuar entrando en posadas, donde me salgan a recibir, donde me salgan a perseguir, donde no me quieran ver, donde me amen, donde les sea indiferente, donde me sean indiferentes, continuaré probando y buscando posadas e indicios de me digan donde ostias metí mi bonito frasco de azúcar glasé.

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