[6]. ¿dónde estoy?.
A veces es difícil mantener la locura. A veces es muy difícil no caer en la soledad del cuerdo. A veces lo más fácil de todo es actuar con cordura, parecer cuerdo y no importarte la locura. Sigo estando loco. Pero mis esfuerzos me cuesta. Desde que me levanto hasta que me acuesto, desde la noche a la mañana, loco. Sin embargo parezco cuerdo. Eso intento, pero hay veces que me gustaría zarandear al cuerdo, golpear su mirada, gritar en sus ojos, llorar en sus oídos. Pero no son más que vagos intentos, pequeños granos en el lagrimal de un ojo que no ve nada, en un ojo inerte, en una cabeza sin sueños, en un día gris y nublado. Esto es lo que hay.
Intentamos día a día entorpecer la locura, poniendo trabas a la imaginación, auto-impedimentos para finiquitar nuestros sueños, barreras en nuestros ojos que impedirán siempre, ver dentro de nuestros corazones. La corrección, la rectitud y el saberse sabio son características que cada uno de nosotros va adoptando con el paso del tiempo. Son a la vez causas y efectos del mundo que nos rodea. ¿Qué fue antes la gallina o el huevo? ¿Qué fue antes el mundo o el hombre? ¿Por que el mundo es mundo? ¿Por qué este mundo es este mundo? ¿Quién ha forjado a este hombre? ¿Quién si no el para darnos la respuesta? El hombre no tiene respuestas. Tan solo es capaz de moverse hacia delante, en el tablero lineal del mundo. Siguiendo las casillas, unas detrás de otras, debidamente graduadas con la debida distancia entre la una y la otra, con una altura exacta entre una y la siguiente, donde el más mínimo resbalón te hace caer hasta la primera considerándote los de delante y los de detrás un fracasado. Condenado, mediocre, maldito, resbalaste y eso no lo perdonará nadie. Al revés. Tu corazón te lo pintarán negro, y ya no serás el cuerdo que todo el mundo te consideró. Ahora serás un loco más, uno de esos que, a la altura en la que estamos, ya no deben de quedar. Uno de esos locos soñadores. Y entre risas la gente murmurará, ‘allá va, allá va, ese que sueña, ese loco’.
Pero en esa eterna fila de casillas, el camino cada vez se estrecha más, y más, y más. Y cada vez es más angosto, y al final el camino, se convierte en un hilo. Un hilo tenso, fuerte, de acero, fuerte, tenso. Y cada vez, los de atrás te empujan más, y lo de adelante te arengan, continua, sigue, más rápido, mas fuerte, mas, corre, corre.
Solo te quedan dos opciones, cortarte con tu camino bien colocado de baldosas, negras y blancas, el tablero lineal del mundo, y la otra es caerte. Te caerás a la primera casilla, a la de los mediocres y malditos. Pero no te apures. Nunca te apures. Todo el mundo lleva ya los pies cortados, el corazón negro y los ojos muertos. Todos somos ya iguales. El mundo es una tremenda yogurtera, que poco a poco con calorcito nos da forma y nos da textura dentro de unos moldes bien perfectos, redondos o cuadrados, pero perfectos. El calor justo, la forma justa, el suero justo, la energía justa, con fecha de caducidad, …, tranquilos, la fecha la van alargando, debes de cotizar los suficiente para poder hacer mas huecos en la yogurtera.
Yo me releo estos últimos párrafos y, sinceramente, no encuentro nada diferente a lo que voy leyendo en otros libros. Ya lo sabemos. Somos grises. Nuestras vidas son grises, todo es gris. Mucha gente antes lo dijo, y mucha más gente detrás lo dirá. De una forma u otra. Con mayores o menores inexactitudes, más o menos poético, pero al final es siempre lo mismo.
Desde mi pupitre solo se me ocurre una razón que hace que, esta masa inerte que se menea bajo nuestros pies, tenga ese color tan repulsivo como el gris. Y a ti se te ocurrirá otra, compadre, y al de más allá otra. El tirano dirá que es por el pueblo. El pueblo dirá que es por sus líderes. El viejo dirá que es el joven, el joven dirá que lo ha heredado. Y solo los locos dirán que fueron ellos. Serán ellos los que digan que nadie tiene la culpa más que ellos. Ellos son los responsables de toda esta mierda. Por que no soñaron lo suficiente, no despeinaron lo suficiente su corazón, no pintaron de nunca sus manos de blanco, no hicieron todo lo que pudieron. Con esa energía del loco, con esa energía deberemos de continuar persiguiendo a esa mierda gris. Deberemos de mirar por debajo, y por encima, por detrás y por delante, hasta que encontremos eso que ya sabes. Ese polvo bonito, inoloro, complejo. Nuestro azúcar glasé.
Por eso, estoy donde estoy. Por que esta situación algún día acabará. Algún día esa masa gris explotará y llenará, como los tiburones, el cielo de guirnaldas, las mesas de pupitres, y nuestros ojos de nuevas metas, de nuevos horizontes y de nuevos sueños. No lo veremos, pero llegará.
Intentamos día a día entorpecer la locura, poniendo trabas a la imaginación, auto-impedimentos para finiquitar nuestros sueños, barreras en nuestros ojos que impedirán siempre, ver dentro de nuestros corazones. La corrección, la rectitud y el saberse sabio son características que cada uno de nosotros va adoptando con el paso del tiempo. Son a la vez causas y efectos del mundo que nos rodea. ¿Qué fue antes la gallina o el huevo? ¿Qué fue antes el mundo o el hombre? ¿Por que el mundo es mundo? ¿Por qué este mundo es este mundo? ¿Quién ha forjado a este hombre? ¿Quién si no el para darnos la respuesta? El hombre no tiene respuestas. Tan solo es capaz de moverse hacia delante, en el tablero lineal del mundo. Siguiendo las casillas, unas detrás de otras, debidamente graduadas con la debida distancia entre la una y la otra, con una altura exacta entre una y la siguiente, donde el más mínimo resbalón te hace caer hasta la primera considerándote los de delante y los de detrás un fracasado. Condenado, mediocre, maldito, resbalaste y eso no lo perdonará nadie. Al revés. Tu corazón te lo pintarán negro, y ya no serás el cuerdo que todo el mundo te consideró. Ahora serás un loco más, uno de esos que, a la altura en la que estamos, ya no deben de quedar. Uno de esos locos soñadores. Y entre risas la gente murmurará, ‘allá va, allá va, ese que sueña, ese loco’.
Pero en esa eterna fila de casillas, el camino cada vez se estrecha más, y más, y más. Y cada vez es más angosto, y al final el camino, se convierte en un hilo. Un hilo tenso, fuerte, de acero, fuerte, tenso. Y cada vez, los de atrás te empujan más, y lo de adelante te arengan, continua, sigue, más rápido, mas fuerte, mas, corre, corre.
Solo te quedan dos opciones, cortarte con tu camino bien colocado de baldosas, negras y blancas, el tablero lineal del mundo, y la otra es caerte. Te caerás a la primera casilla, a la de los mediocres y malditos. Pero no te apures. Nunca te apures. Todo el mundo lleva ya los pies cortados, el corazón negro y los ojos muertos. Todos somos ya iguales. El mundo es una tremenda yogurtera, que poco a poco con calorcito nos da forma y nos da textura dentro de unos moldes bien perfectos, redondos o cuadrados, pero perfectos. El calor justo, la forma justa, el suero justo, la energía justa, con fecha de caducidad, …, tranquilos, la fecha la van alargando, debes de cotizar los suficiente para poder hacer mas huecos en la yogurtera.
Yo me releo estos últimos párrafos y, sinceramente, no encuentro nada diferente a lo que voy leyendo en otros libros. Ya lo sabemos. Somos grises. Nuestras vidas son grises, todo es gris. Mucha gente antes lo dijo, y mucha más gente detrás lo dirá. De una forma u otra. Con mayores o menores inexactitudes, más o menos poético, pero al final es siempre lo mismo.
Desde mi pupitre solo se me ocurre una razón que hace que, esta masa inerte que se menea bajo nuestros pies, tenga ese color tan repulsivo como el gris. Y a ti se te ocurrirá otra, compadre, y al de más allá otra. El tirano dirá que es por el pueblo. El pueblo dirá que es por sus líderes. El viejo dirá que es el joven, el joven dirá que lo ha heredado. Y solo los locos dirán que fueron ellos. Serán ellos los que digan que nadie tiene la culpa más que ellos. Ellos son los responsables de toda esta mierda. Por que no soñaron lo suficiente, no despeinaron lo suficiente su corazón, no pintaron de nunca sus manos de blanco, no hicieron todo lo que pudieron. Con esa energía del loco, con esa energía deberemos de continuar persiguiendo a esa mierda gris. Deberemos de mirar por debajo, y por encima, por detrás y por delante, hasta que encontremos eso que ya sabes. Ese polvo bonito, inoloro, complejo. Nuestro azúcar glasé.
Por eso, estoy donde estoy. Por que esta situación algún día acabará. Algún día esa masa gris explotará y llenará, como los tiburones, el cielo de guirnaldas, las mesas de pupitres, y nuestros ojos de nuevas metas, de nuevos horizontes y de nuevos sueños. No lo veremos, pero llegará.
